0

Infecciones de oído

Comúnmente empleamos la palabra otitis para designar una inflamación de la parte media y externa del oído, pero en realidad se refiere a la inflamación de cualquiera de las tres partes en las que se divide el oído (externo, medio, interno).

Sus causas más frecuentes son las infecciones que suelen causar dolor y supuración del oído. La otorrea es el flujo mucoso procedente del conducto auditivo externo o del medio cuando se ha producido una perforación de la membrana timpánica. No obstante, la otitis puede producir otros síntomas como dolor o picor de oídos, pérdida de audición, fiebre, ruidos de oído, vértigo, etc…

Para prevenir estas infecciones, el conducto auditivo externo está dotado de un mecanismo protector que es el cerumen. Las maniobras agresivas sobre el conducto como el rascado y la extracción del cerumen eliminan esta protección, favoreciendo la infección bacteriana.

El uso de bastoncillos influye negativamente en el mecanismo natural que tiene el oído para autolimpiarse, ya que los restos de cerumen viajan desde el tímpano hacia la oreja y con el uso de dichos bastoncillos lo que se hace es empujar los restos de cerumen hacia la membrana del tímpano, haciendo que éstos se agrupen y formen un tapón que es más difícil de eliminar de forma natural. Para prevenir las alteraciones propias del oído es conveniente:

  • No introducir objetos en el oído. En lugar de bastoncillos es preferible emplear gasas estériles.
  • Es muy beneficioso enseñar a los más pequeños a sonarse la nariz con la boca abierta para evitar bloqueos en la Trompa de Eustaquio.
  • Si sufres molestias en los oídos puedes utilizar aspirina, ibuprofeno o paracetamol que además pueden ser útiles si hay fiebre; aunque lo más recomendable es acudir al médico antes de tomar cualquiera de estas cosas.
  • Si necesitas tapones los más recomendables son los de silicona o espuma que se adaptan al oído y no se salen con facilidad.

La otitis externa suele producirse con más frecuencia en verano, pues se produce por la sudoración excesiva. Suele asociarse a la práctica de deportes acuáticos, por lo que se llama también “otitis de piscina”; esto es debido a que el pH del conducto auditivo es ácido y esto evita que las bacterias y los hongos puedan colonizarlo e infectarlo, pero el baño en las piscinas puede modificar ese pH al ser el agua de éstas alcalina. Su tratamiento consiste en la aplicación de gotas o cremas que contengan antibióticos o antiinflamatorios.

 

Para prevenir este tipo de otitis se pueden tomar una serie de precauciones como son: Evitar la humedad en el oído mediante la colocación de tapones específicos para el baño o utilizando un gorro al ducharse.

  • Secarse la parte externa del oído después de bañarse o ducharse.
  • Evitar la entrada de agua en el canal auditivo durante tres semanas después de la desaparición de los síntomas, con el fin de prevenir nuevamente el problema.
  • Aplicar gotas antisépticas si se tiene tendencia a padecer otitis externa y se produce la entrada de agua.
  • No introducir palitos higiénicos para eliminar la cera de los oídos.

La otitis media agrupa los procesos inflamatorios de la mucosa que recubre los espacios aéreos del oído, lo que produce acumulación de líquido en el oído medio y la aparición de síntomas clínicos agudos. Los síntomas para describir esta infección son entre otros: fiebre, dolor de oído u otalgia, irritabilidad, diarrea, vómitos, pérdida de audición, ruidos de oído; entre los síntomas menos frecuentes pueden aparecer otorrea, inestabilidad, mareo o vértigo y como síntomas más graves parálisis facial o pérdida completa de la audición. Esta otitis suele ser más frecuente en niños hasta los siete años. Es frecuente que antes de alcanzar los tres años la mayoría de los niños hayan tenido por lo menos un episodio de infección de oído y al llegar a los cinco años puede que hayan sufrido hasta tres o más ataques.

Podemos clasificar la otitis en tres tipos: Aguda (hasta 3 meses), Crónica (más de 3 meses), Recurrente (4 ó más episodios al año). Cuando no es posible controlarla con un tratamiento es necesario recurrir a la cirugía. La operación suele permitir detener el avance del proceso crónico, evitando secuelas y complicaciones graves, además, en muchos casos, se consigue mejorar la capacidad auditiva.
Las timpanoplastias son operaciones diseñadas para intentar reparar las secuelas de las otitis crónicas. Pueden realizarse bajo anestesia local o general y abordando el oído por detrás de la oreja o a través del conducto auditivo. En ellas se reconstruyen los mecanismos de la audición mediante la realización de injertos para la reparación del tímpano o la colocación de prótesis que sustituya a los huesecillos del oído medio. El éxito del tratamiento quirúrgico depende de lo avanzado de la otitis crónica antes de la operación, de la capacidad del cuerpo para sanar, así como de la habilidad del equipo quirúrgico

loading...

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *