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Estrés laboral crónico en médicos y personal sanitario cómo prevenirlo

Los profesionales de salud son quienes se ven más afectados por el síndrome de desgaste o burnout en todo el mundo. Las tareas asistenciales y la convivencia cotidiana con el sufrimiento y con la muerte los predisponen y los tornan en extremo vulnerables para padecerlo. Además, durante su formación profesional, ni médicos ni enfermeros reciben herramientas adecuadas para la prevención del síndrome, motivo por el cual quedan expuestos apenas finalizan su paso por la universidad y comienzan a ejercer la profesión.

El burnout es el resultado tanto del estrés laboral crónico como de los mecanismos de defensa que se ponen en juego para soportar las presiones del entorno asistencial. Esta conjunción causa estragos en la vida personal y profesional de quienes cuidan a otros y también en las organizaciones sanitarias que soslayan el problema.

El desgaste profesional es un proceso que no se presenta en forma brusca sino larvada y que se manifiesta con trastornos emocionales, conductuales y físicos.

En la descripción clásica del síndrome de burnout hay tres áreas que pueden estar involucradas, aunque no necesariamente están afectadas las tres ni tampoco se alteran siempre en la misma medida.

– El agotamiento emocional y físico se caracteriza por una ausencia o falta de energía, entusiasmo y un sentimiento de escasez de recursos. A estos sentimientos pueden sumarse los de frustración y tensión en los que la persona se da cuenta de que ya no está en condiciones de gastar más energía.

– La disminución de la realización personal en el trabajo se caracteriza por una tendencia a autoevaluarse de forma negativa. Las personas se sienten infelices consigo mismas, insatisfechas con su desarrollo profesional, experimentan una declinación en el sentimiento de competencia y de éxito en su trabajo y en su capacidad de interactuar con las personas.

– La despersonalización o deshumanización se caracteriza por tratar a los pacientes, compañeros y la organización como objetos. Los profesionales pueden mostrar insensibilidad emocional, un estado psíquico en que prevalece el cinismo o disimulación afectiva, una crítica exacerbada dirigida a todo su ambiente y a todos los demás.
Manifestaciones del Burnout en la práctica profesional

En la actividad profesional, el médico y otros profesionales de salud pueden presentar las siguientes conductas:

Evitar el compromiso emocional: la pérdida de contacto relacional puede manifestarse en un trato distante, mal manejo de la información y falta de respuesta a las emociones del otro. Aislamiento.
Disociación instrumental extrema: se expresa en conductas automáticas y rígidas tales como comunicación unidireccional, exceso de pedido de estudios, repetición de discursos automatizados, uso exclusivo de lenguaje técnico e intervenciones innecesarias.
Embotamiento y negación: la falta de conciencia del propio estado de agotamiento e irritación constantes se manifiesta en conductas interpersonales oposicionistas, actitudes descalificativas, intervenciones hipercríticas y carencia de registro de autocrítica.
Impulsividad: la persona pasa a la acción a través de conductas reactivas de enojo, confrontaciones reiteradas con colegas, pacientes y maltrato al personal paramédico.
Desmotivación: se asocia a la pérdida de autorrealización y a la baja autoestima, que puede traducirse en la falta de sostén de los tratamientos, falta de iniciativa y constancia en las tareas de equipo, ausencias, impuntualidad y poca participación o no inclusión en proyectos.

El Burnout en las organizaciones de salud

Estas conductas patológicas que hemos mencionado, como se puede inferir, tienen consecuencias muy negativas en los establecimientos sanitarios en diferentes niveles. El síndrome de Burnout incide de manera crítica en la relación médico-paciente, en la relación entre los profesionales, en el funcionamiento de los equipos de trabajo. Influye en la productividad, en el ausentismo, en la rotación de personal, y en la cantidad de quejas y demandas. Las conductas de los profesionales “quemados” alteran en forma constante el clima laboral, disminuyen la satisfacción de los pacientes con el servicio y favorecen la baja adherencia a los tratamientos, principalmente en patologías crónicas.

Por este motivo, aunque durante mucho tiempo se consideró que el abordaje del síndrome de desgaste era responsabilidad exclusiva de quien lo padecía y las organizaciones se limitaban a otorgar licencias por estrés cuando efectivamente eran solicitadas por los profesionales, cada vez son más los establecimientos que actúan en forma preventiva, diagnóstica y terapéutica porque han advertido que las consecuencias de la falta de acción en este sentido pueden ser mucho más costosas, riesgosas y perjudiciales para la organización que el abordaje del problema.

El screening periódico de los profesionales adquiere una importancia superlativa en todas las organizaciones sanitarias, tanto públicas como privadas. El cuestionario MBI (Maslach Burnout Inventory) es el instrumento más utilizado en el mundo para el diagnóstico del síndrome de desgaste profesional en los médicos. Consta de 22 ítems que evalúan las tres áreas que componen el cuadro. La interpretación de los resultados tiene cierto grado de complejidad dado que no hay un único punto de corte para efectuar el diagnóstico sino que cada área debe ser evaluada en forma independiente. La escala NSS (Nursing Stress Scale) es tal vez el cuestionario más utilizado para el diagnóstico de estrés en enfermería y su aplicación es muy sencilla.

La información que aportan estos cuestionarios sirve para orientar las acciones a tomar a nivel institucional. Tanto la prevención como el tratamiento del síndrome requieren de la organización medidas que faciliten la conciencia y la expresión de las emociones, que favorezcan la comunicación efectiva entre los profesionales y con los pacientes, que estimulen la atención plena (mindfulness) y que colaboren con la disminución del estrés.

Para que las acciones sean efectivas deben estar implementadas en un marco de compromiso, confianza y de un genuino interés por el bienestar de los profesionales. Esto requiere no solamente comunicaciones descendentes unidireccionales, sino una estrategia de comunicación interna clara y fluida entre todos los niveles de la organización.

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